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photo book review

Cuba: Campo Adentro

photographs by
Susan S. Bank
text by
Juan Antonio Molina

continuación de la página anterior

La causa secreta de la historia

Hacer fotos documentales en el contexto cubano no es un ejercicio inocente. Mucho menos para una fotógrafa como Susan Bank, quien ha tenido que cruzar fronteras que no sólo son geográficas, sino también políticas y sociales.

Por eso yo he querido enfatizar el lugar que tiene su obra, entre lo imaginario y lo histórico. Y por eso no dudo en resaltar su aporte a una iconografía de “lo cubano”. Porque yo sospecho que la construcción de lo cubano en los últimos 50 años ha estado más cerca de la imagen que de la historia. Digo esto y no puedo evitar volver sobre la frase de Lezama que da título a este ensayo. Porque creo que una obra como la de Susan Bank nace de la misma intuición que subyace en esa frase del poeta cubano. Por eso me parece muy coherente con el tono de esta obra que estos campesinos, fotografiados en el siglo XXI, no se diferencien de otros fotografiados en otra época, y quizá no solamente en Cuba.

Pudiera argumentarse que esto solamente refleja el hecho de que hay zonas del campo cubano que existen en un limbo por el que no ha pasado el tiempo. Ese limbo puede ser entendido como un  paréntesis en la historia, provocado por circunstancias sociales específicas. Sin embargo, en el caso de estas fotos, yo siento que ese paréntesis (ese lapsus) es una construcción estética, y que solamente pudo ser logrado por el esfuerzo de la artista para que la imagen  -con toda su fuerza simbólica- intervenga en el territorio aparentemente autónomo de la historia.

El hecho es que Susan Bank tiene un talento especial para captar momentos y situaciones que, representadas en la foto, no parecen reales, aun cuando son evidentemente cotidianas. Y en ese tipo de fotos, lo cotidiano aparece como inusual y como extraordinario.

La mirada directa y franca de Susan Bank ha resultado en fotografías que conservan un aire ideal, y que mantienen una distancia respecto a lo fotografiado. Esa es una distancia que podemos llamar “estética” y que equivale a la distancia entre la foto, como objeto bello, y lo fotografiado, como origen del hecho artístico. Para mí está claro que lo importante en esta obra es que cada foto conserva su autonomía como objeto. Y que en esa autonomía radican las claves de la belleza. Es decir, desde esas fotos puedo evocar la belleza “natural” que motivó a Susan Bank para llevarse la cámara a los ojos. Pero eso sólo es posible en la medida en que las fotos me permiten descubrir otro tipo de belleza, inédita, posible solamente en la foto, posible solamente gracias a la autora.

Un juego de adultos

Yo suelo acercarme a la fotografía como si fuera un modo de recordar momentos que no he vivido. Como si fuera un modo de ser las personas que no he sido. Como si fuera una manera de vivir otras vidas. Disfruto leer la fotografía como ficción, en el mismo sentido en que puede leerse la literatura o el teatro. O al menos, en el mismo sentido en que yo consumía la literatura y el teatro cuando era niño; es decir, como un juego.

Si antes esta fantasía era un juego de niños, ahora es un juego de adultos. Porque no puedo ver todas las fotografías como objetos inocentes, ni todas las realidades fotografiadas como realidades apacibles o atractivas. Ahora jugar a ser el otro también implica involucrarse con el dolor de los demás. Y esto es algo que está más allá de la compasión o de la complicidad. Puesto que no puedo compadecerme de otro cuando me he apropiado de su dolor, de sus carencias o de sus frustraciones. Digo esto porque detrás de la belleza de las fotos de Susan Bank también intuyo los conflictos y las frustraciones que enfrentan los campesinos cubanos para subsistir en condiciones de precariedad material. Y porque estas fotos me hacen sentir que entre la precariedad y la pobreza siguen sobreviviendo la esperanza y la vitalidad.

Sin embargo, pese a la facilidad con que me involucro, lo cierto es que frente a una fotografía siempre me siento extranjero. No importa que estas fotos me hagan sentir de nuevo el olor de la tierra húmeda. No importa que vuelva a sentir bajo los pies el suelo arenoso de Pinar del Río. O que imagine como algo maravilloso lo que alguna vez era solamente un conjunto de sensaciones incómodas: el rocío cayendo sobre mi espalda cuando me encorvaba a la entrada de la vega; el alquitrán que convertía mi camisa en una capa rígida; el barro entre mis dedos. Porque mientras más me esfuerzo por vivir esa experiencia como propia, más persistente es la sensación de que, en última instancia, sigo siendo un intruso. Al final siempre quedamos el otro y yo, compartiendo una especie de soledad elemental.

Tal vez lo mejor que pudiera decir a favor de la obra de Susan Bank es que me ayuda, por un momento, a lidiar con mi propia soledad frente a la imagen. Y con mi propia soledad frente a la memoria. Ya sé que la fotografía es uno de los mejores instrumentos de la nostalgia individual y de la nostalgia colectiva. Y que le otorga al pasado un estatus de idealidad. Pero en gran medida esto ocurre porque la fotografía nos descubre el pasado como algo irrecuperable. Por eso para mí, disfrutar de las fotografías de Susan Bank es también disfrutar de un sentimiento de pérdida, convertido en sentimiento estético. Un sentimiento tramposo, en última instancia. Pero de esas trampas es que está conformada nuestra relación con la imagen.

— Juan Antonio Molina
Mexico, Febrero 2008

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Cuba: Campo Adentro
by
Susan S. Bank
Publisher: Sagamore Press
Year:
2008
10.5 x 10.2 inches
84 pages
48 black and white illustrations