Desde el río Amazonas la vida se contempla como un imperio de emoción y magnetismo, donde la mente es capaz de emprender las más complejas travesías, viajar a través del tiempo y la distancia y descender a un fresco notable de creatividad y paz. Desde el río Amazonas la vida se torna rojiza, luego azulada, más tarde celeste, finalmente luminosa. La Amazonía es el propio latir de los corazones, oprimidos tantas y tantas veces por dolores y frustraciones, pero que aún así, son capaces de maquinar con todas sus fuerzas la emoción y la nobleza.