La Lagunilla es un lugar de mercadeo emblemático de la Ciudad de México, donde se
ofertan antigüedades. Aquí acuden seres que le atribuyen valor al tiempo y a la
trascendencia. Descubrimos historias que no son nuestras y nos hace pensar que todo
acto creativo puede perderse en escenarios sin reglas hasta ser resignificado por alguien
más. Este espacio nos muestra una potencial belleza en lo cotidiano del objeto.
Este proyecto se enfoca en documentar la relevancia del tiempo y el apego a la materia,
representados por objetos, naturalezas muertas, paisajes urbanos y personajes que allí
gravitan. Todo esto forma parte de ese interés generado por la melancolía de crear nuevas
historias que reviven la energía de vidas pasadas, de dueños y sueños anteriores en las
memorias ayer y hoy.
Además de ser un testimonio documental, este proyecto es una búsqueda personal de la
pérdida, la ausencia y el olvido.