El documentalismo social fotográfico se nos presenta actualmente como un género complejo en el que interactúan diversas demandas propias y ajenas.
Hablar de agua es hablar de un sistema, de algo que trasciende la potabilización, el saneamiento. Hay que ir a las entrañas. El agua es parte del ambiente.
Solo el 10% se utiliza para consumo, el resto es para riego, producción, energía.
La incorporación del agua en cotización seguramente será un ejemplo seguido por otras bolsas que trabajan mercados de materias primas en otras partes del mundo: es mercantilización y financiarización del precio porque implica participación de fondos financieros, de inversión, en la determinación del valor de esas materias, y el precio como bien común de la naturaleza deja de estar vinculado con la demanda efectiva y pasa a estar relacionado con la especulación de los grandes capitales. La salida posible en formas de soberanía popular respecto de lo que se llama “bienes comunes de la naturaleza".
Hay suficiente agua potable en el planeta para abastecer a los 7000 millones de personas que lo habitamos, pero esta está distribuida de forma irregular, se desperdicia, está contaminada y se gestiona de forma insostenible.
El tema del cuidado del recurso como derecho humano pone el dedo en la llaga de un sistema que no mide daños si no ganancias y la discusión empieza a ser dada y de fondo está la idea de la red, del lazo también en el ambiente y recordar siempre, que ninguna persona es una isla.