La procesión va
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Semana Santa de 2015 en un pueblecito mediterráneo (podría haber sido otro lugar y tal vez otro tiempo…).
Salgo a la calle, con mi cámara, sabiendo que hay una procesión. Es una procesión religiosa, pero seguramente también pagana, memoria de ritos ancestrales. Voy con la intención de seguirla, de sumergirme en su recorrido.
Mi cámara empieza a buscar. De pronto no puedo controlarla, me guía y me pone de cara a lo que está pasando. Yo me dejo llevar, me acerco, me acerco más, enfoco mi vista, busco, encuentro, veo luces y sombras, y rostros, sobre todo rostros de personas diferentes, gentes que han salido a la calle con el propósito de unirse, de participar o tan solo observar.
Mi intención es ponerme delante de esas personas con mi cámara, mirar directamente en sus ojos. Parar el mundo sólo por unos instantes, suficientes quizá para incitar a la memoria…
Me doy cuenta que la procesión es un río de gente, gente de todo tipo y condición. Cada uno lleva su cruz, aunque muchos la oculten tras su mirada. Todos soportan el paso del tiempo y muchos su penitencia. Y aún hay ojos muy jóvenes que intentan imaginar qué pasará… Unos comparten y otros están solos en su camino. Unos delante y otros detrás.
Muchos se hacen la foto sin ser conscientes de que la procesión real es la gente que desfila y también la que observa desde más cerca o desde la distancia, la que va en silencio y la que murmura, la que se emociona y la que permanece impasible… todos llevan una procesión por dentro…
Me voy, pero la procesión sigue, aunque tenga un inicio y un fin determinado, aunque el tiempo pase y la gente sea otra, hoy, ayer, mañana, siempre…
La procesión va.