La mayor parte de las perturbaciones de la psique humana surgen de una constante interpretación de las emociones negativas que de una manera inconsciente fabrica nuestra mente: el juicio de los acontecimientos, el juicio hacia los demás y el juicio hacia uno mismo que inevitablemente acaba derivando en una forzosa auto-inculpación. Todas esas emociones generan con el tiempo un poso que poco a poco se va asentando y acaba solidificándose en lo más profundo de nuestra alma.
De esa manera la mente se acostumbra a malvivir con temor, el temor hacia la muerte pero también hacia la vida, temor a la incertidumbre del futuro y al arrepentimiento hacia actos del pasado.
Uno de los más potentes antídotos contra las emociones negativas es la aceptación al cambio continuo y la comprensión de que no debemos aferrarnos a nada. Aprendiendo a soltar y liberándonos de nuestros apegos, tomamos conciencia de nuestras raíces en el Todo del cual formamos parte, así como de nuestra plenitud.
Sin embargo las palabras no son más que etiquetas, conceptos abstractos que no suelen ser suficientes para facilitar tan gran cambio de perspectiva. Es en la vivencia propia donde se puede apreciar esa nueva percepción.
Una imagen que puede ayudarnos a realizar ese cambio de marco mental es la visualización del proceso de disolución. En una disolución se mezclan dos o más elementos en proporciones variables, como por ejemplo un sólido en un líquido. Sin embargo en ese proceso no hay una desaparición de los elementos, simplemente se trata de un cambio de estado, una transformación que permite que todo siga existiendo en esencia.
Utilizando ese pretexto como fórmula de inspiración nuestra percepción de por ejemplo la muerte debería quedar liberada del miedo y mostrarse plenamente como aquello que verdaderamente es: un cambio más de la vida y una transición hacia la Unidad del Universo.
La disolución del cuerpo no es más que un desvanecimiento de la separación del individuo y un reencuentro con el origen.
Por otra parte, las emociones perturbadoras desaparecen mediante la disolución del ego, algo que depende únicamente de nosotros mismos y que puede producirse en el presente, el ahora de nuestras vidas. El ego es aquel elemento que nos separa del resto, nos atormenta y nos vuelve infelices. Aunque su desaparición nunca se produzca por completo, podemos aprender a diluirlo, dejarlo fluir, pasarlo por alto, soltando los prejuicios en una progresión de emociones de las más densas hacia las más ligeras.