Durante dos años estuve fotografiando la variedad de personajes que de una forma u otra componen el paisaje humano de la Semana Santa de La Antigua Guatemala, su fiesta y tradición religiosa más importante. Decenas de miles de personas recorren sus calles durante toda la semana ( y las semanas anteriores desde el comienzo de la Cuaresma), desde la población local, que es la que participa y mantiene la tradición, hasta los miles de visitantes, ya sea como turistas o vendedores de pueblos y aldeas cercanas que llegan para conseguir algo de dinero para el sustento familiar, a los que añadimos las fuerzas de seguridad y otro tipo de servicios.
Decidí usar la técnica estenopeica, que aunque dificultaba la tarea en cuestión de producción, le añadía un componente más íntimo, además de la curiosidad por parte de los personajes participantes, que mayoritariamente desconocía la técnica y a veces desconfiaba de la posibilidad de ser retratado con un viejo joyero reciclado.
La exposición solía rondar los tres minutos, al ser en negativo de papel fotográfico, con mucha menos sensibilidad que la película. Esto ayudó en el sentido de la toma de conciencia por parte de los modelos, la elección de la posición en la que deberían aguantar sin apenas movimiento por demasiado tiempo, creando un ambiente general de curiosidad, incredulidad y sorpresa al ver los resultados.
La serie de retratos sigue en marcha, esperando la posibilidad de una nueva celebración, suspendida a causa de la pandemia.