Es una serie de retratos realizados con la técnica del fotograma a personajes vinculados a la fotografía latinoamericana: fotógrafos, críticos, galeristas, coleccionistas, etc. de muchos países que dejan su sombra, su huella directamente sobre el papel fotosensible.
Un mito narrado por Plinio el Viejo cuenta que la pintura surge por el viaje del amado y su sombra. Antes de partir, una mujer dibujó su sombra con la esperanza de retener algo del cuerpo de su amado. Este fue el acto que dio origen a la pintura, la cual emergió como una representación para hacer presente lo que está ausente. Las sombras se convirtieron en la representación simbólica de una “presencia en ausencia”.
Para Platón las sombras no dejan de tener un carácter ambiguo, no son el conocimiento auténtico, pero son el único signo que nos hace saber algo de una verdad que está más allá de ellas. Para Nietzsche era la necesidad trágica, para Jung son la representación del inconsciente. Baudrillard dice, “el sujeto solo puede constituirse con otra persona a su costado; el presente solo puede hacerlo con la memoria del pasado, las pasiones con los fantasmas, el amor con lo imposible, la verdad con la ficción y la identidad con una sombra”.
El trabajo alude a esas sombras. Un registro de identidad olvidada y marginada por la historia oficial de la representación del sujeto.
Qué mejor soporte para contener estos cuerpos vinculados a la fotografía que sus propias huellas en el papel fotosensible que dio vida al medio