En la vida, tanto humanos como animales experimentamos heridas inevitables, parte esencial de la existencia. Cada individuo procesa el dolor de manera única. La idea surgió durante la pandemia. La creatividad surge de inquietudes internas plasmadas en fotos, dibujos o escritos. Aceptando la inevitabilidad de las heridas, busco explorar cómo sanar y avanzar. En lugar de centrarme en la herida, intento narrar la superación con imágenes de cucharas, simbolizando un juego ingenuo y la capacidad de contener. Me interesa resaltar lo relevante para salir de la herida y aprender a mimar la cicatriz sin revivir el dolor. La madera, como material, representa el árbol, símbolo de renovación y reutilización. La máquina inmortaliza este proceso, llevándonos a un cuento infantil interpretado personalmente. Mi enfoque es avanzar tras una buena cicatrización, sin volver a la herida. Todos en algún momento seremos heridos; las heridas pueden ser físicas, emocionales o espirituales. En el mundo humano, se acentúan heridas relacionadas con la falta de tolerancia. Estás también es importante intentar resolverlas y permitir que sus heridas cicatricen bien.