En mis viajes a México he tenido la suerte o no tanto ya que la fecha ha sido buscada, de poder participar de la celebración de Día de Muertos en varias oportunidades.
Oaxaca, Jalatlaco Xochimilco, Morelia, Santa fe de la Laguna, Tzintzuntzan, las islas de Pacando y Janitzio y el pueblo mágico de Patzcuaro entre otros.
Cada estado y pueblos cercanos tienen sus propias costumbres. Hay altares en las casas dónde alguien falleció ese año, se invita a pasar, se habla con los familiares y se intercambian ofrendas por bebidas y platos lugareños.
En algunos se va en procesión acompañando a una banda que va de casa en casa.
Todo está decorado hay altares en las instituciones, en los negocios, nadie se queda sin poner las fotos de sus seres queridos, no faltan las flores, fotos, velas y las preferencias en comida que tenía el pariente. Se dice que el 31 de octubre a las 12 am llegan las almas jóvenes y se van el 1 a las 12, donde llegan las almas adultas, se las recibe y despide con fuegos artificiales.
La ceremonia en los panteones es algo inigualable. Todo se tiñe de amarillo con la flor tradicional para esta fecha la cempasúchil.
Esta ceremonia consiste en apapachar las tumbas de sus difuntos. Unos días antes comienzan a adornarlas Esa noche los familiares se juntan alrededor de las tumbas y acompañan hasta el amanecer, se come , se pone música y también hay quien lleva mariachis.
El panteón está lleno, cientos de personas caminan en una suerte de procesión y acompañamiento .
Afuera la fiesta continúa y se comparte con las nuevas generaciones de pequeños que corren con sus calabazas pidiendo caramelos amalgamados todo en una suerte de conjunción mágica, la gente, la comida, la música y el mezcal , haciendo de esto algo emocionante, indescriptible e inolvidable