La población en situación de calle sufre de discriminación a causa de su pobreza, que puede verse reflejada en indiferencia, rechazo, maltratos, violencia y otras violaciones. Algunas de estas personas buscan en el consumo de alcohol y substancias tóxicas medios para evadir su realidad, lo que causa un factor de riesgo adicional al hecho de sobrevivir en las calles, y los expone a un riesgo mayor de violencia y perpetua la imagen de criminales que se tiene de ellos.
La sociedad aún no reconoce a las poblaciones en situación de calle como sujetos de derechos en igualdad de condiciones. Las personas en situación de calle son miradas y tratadas como potenciales delincuentes, lo que agudiza los actos de discriminación y violencia tanto del Estado como de la población en general.