Con la expansión de la economía turística barcelonesa, los vendedores ambulantes se han convertido en el blanco de la demagogia racista. Este proyecto retrata la dignidad y lucha del Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes.
George Orwell describió Las Ramblas como “la arteria central” de Barcelona. Hoy, el emblemático paseo rebosa de turistas. Las floristerías, estatuas humanas y paseantes domingueros ya no son las principales atracciones de la zona. Al tejido comercial se han sumado camisetas vulgares, souvenirs baratos, restaurantes kitsch y sangría. Los artistas callejeros que, en su día, daban vida a los espacios entre quioscos han sido regulados y relegados a una zona estratégica, cerca del puerto. Aún pasean algunos domingueros, ancianos en su mayoría, pero han sido desbordados por las miles de personas que bajan de los cruceros.
Es así por todo el centro de la ciudad, aunque la saturación turística es especialmente intensa cerca del puerto. En los últimos años, la creciente inversión turística se ha hecho con sus alrededores, desplazando a residentes y comercios locales y generando conflicto y movilización política en el proceso. Sin embargo, las personas más vulnerables a estos conflictos son a su vez las más demonizadas. Su lucha está criminalizada por una cultura dominante construida a base de tópicos racistas, rumores y una mitología mediática dañina.
Intermitentemente a lo largo del día, las zonas turísticas de Barcelona son temporalmente ocupadas por vendedores ambulantes. Mientras los hombres senegaleses muestran bolsos o camisetas de futbol de marcas falsificadas sobre mantas desplegadas sobre el asfalto, los Bangladeshis venden joyería montada sobre paraguas. Un puñado de mujeres senegalesas vende sus artesanías a los turistas y comida y té de hibisco a los vendedores. A cada trabajador le acompaña un activista con un cartel. El lema más común: “Sobrevivir no es delito”.
Esta acción fue organizada por el Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes, que se formó como respuesta a la creciente criminalización de su trabajo y la persecución que sufren en la prensa local. Desde 2015, el gobierno municipal y la Generalitat de Cataluña han aumentado la presión policial sobre esta actividad económica, a menudo mediante la violencia policial y el uso de perfiles étnicos. Las movilizaciones se intensificaron tras la muerte de Mor Sylla, vendedor ambulante y residente de Salou, tras una intervención policial en agosto del 2015.
No tenía por qué ser así. Cuando la plataforma ciudadana Barcelona En Comú ganó las elecciones municipales del 2015, lo hizo empoderado por un contexto de mucha tensión y movilización popular, prometiendo una sociedad más igualitaria e inclusiva y enfatizando los derechos humanos y el sufrimiento de las personas más excluidas. Pero a medida que a aumentado el rechazo a los impactos del turismo entre los residentes de la ciudad, algunos medios y partidos políticos han proyectado la indignación sobre los trabajadores callejeros.
The Blanket Project documenta esta lucha, trabajando con el Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes y los colectivos que les apoyan para contrastar su realidad con la desinformación y noticias no confirmadas reproducidas de forma acrítica en los discursos políticos y versiones mediáticas sobre el trabajo y las vidas cotidianas de los vendedores ambulantes.
Sabiendo que su trabajo es ignorado o opaco a la mayoría de las personas, los miembros del sindicato han dado un acceso sin precedentes al proyecto para contrastar los mitos, rumores y falsedades de la narrativa dominante con su realidad laboral y cotidiana. Durante más de un año, The Blanket Project ha acompañado a los vendedores en su jornada laboral, en sus movilizaciones, en el hospital tras ser lesionados durante las intervenciones policiales y en sus pocos días de descanso.