Malloneros y pescadores recorren a diario las aguas del caudaloso Paraná, uno de los ríos más extensos del América Latina. Dependerá de la especie y el clima, el horario en que las zarpan las embarcaciones. La pesca –que puede ser con redes o espinel- nuclea a decenas de hombres que flotan, suspendidos, en el ancho río… De día se protegen con toldos, asi la embarcación proporciona un poco de sombra y alivio a los húmedos calores de Corrientes. Entrada la noche, llevan luces para alertar su paso y detectar las redes. Doradillos, surubíes, bagres, palometas, pacú….. lo obtenido se vende o se arroja a la olla. Los niños participan de la actividad de los padres, la mayoría de las veces, sin medidas de seguridad, provistos de audacia; y amparados por la necesidad. Se hacen adultos en el Paraná: encienden motores, limpian entrañas, colocan carnadas, amarran las canoas, y aprenden a subsistir. El río crea un vínculo con los pescadores, moldea el carácter, y templa los ánimos. Se vuelve parte de cada uno de ellos.