Este trabajo de retratos es un proyecto de superación personal en el que fotografío a la gente que quiero con un discurso apasionado que huye de cualquier narrativa. Se trata de un plan, producto de una serie de visitas que tuve en mi casa como consecuencia de un periodo de convalecencia de una enfermedad, llevado a cabo en un año. Monté un pequeño estudio y decidí retratar a todos aquellos que vinieron a verme.
Por todo el amor recibido, esta es mi devolución, mi homenaje a la gente corriente y he querido retratarlos como son ellos, pero son mis héroes, mis celebridades del momento. He buscado captar la personalidad y la belleza de cada uno, a veces solos, otras en parejas o grupos. También hay algún autorretrato, de la última época, ya más recuperada.
Mi casa se convirtió en el atelier del fotógrafo, un teatro sin escenografía para crear esta galería de imágenes.
Estas fotografías hablan de un momento, una situación, unas emociones, un recuerdo. Mi vida se encuentra ligada a estas personas, protagonistas de estas imágenes y copartícipes de ese momento inolvidable.
Con este tema me presento con un contenido íntimo y personal: una enfermedad que me alejó de mi anterior vida en parte. Una pérdida de visión de la que conservo el treinta por ciento. Una serie de secuelas que me discapacitaron para siempre. Pero creo en la fotografía como una herramienta de transformación personal y social. Creo en la fotografía como terapia y creo en la gente, por encima de todo. Se trata, esta vez, de ver lo invisible a través de imágenes. De hacer visibles fuerzas que no lo son.
Los retratos se convierten en espejos con memoria que nos sirven para observar el paso del tiempo y permiten al paciente no perder su identidad, amenazada por los cambios físicos. De esta manera no perdía la ilusión y no me aislaba. La fotografía fue, una vez más, una herramienta de curación para mi.
Pretendo también mostrar el momento singular y único de las personas a las que retrato. No limitarme a las apariencias. Me interesa lo que las personas irradian, el estado de la persona que estoy fotografiando. Un estado espiritual que está en continuo movimiento.
Para ello las he aislado de su entorno convirtiéndose, en cierto modo, en símbolos de sí mismas.
Me interesa la intensidad de sus miradas, su estado emocional, sus rasgos, sus sonrisas y el feedback que se produce entre ellos y yo.
“Retratos sobre fondo negro” porque puse como fondo una tela negra, pero también porque era un momento oscuro. Pero se puede salir de la oscuridad a la luz.