La memoria de los pueblos construye las leyendas que destruyen quienes han perdido la memoria. Solo se olvida lo que el desamor, por motivos casi siempre espurios, ha sentenciado. Olvido es el nombre de todo lo que ya no existe para nosotros.
Recorro la Laguna de Antela de la mano de mi abuelo, leyendo las reflexiones de mi madre y escuchando la música de mi hijo Brais. Esta historia se me ha vuelto una historia de familia que aglutina varias generaciones: la que no necesitaba recordar porque veía, la que empezó a perder la memoria y la que ha tenido que desandar el camino para volver a recordar. Nuevamente el "río del olvido" se ha apoderado de nuestras memorias. Estos "Cadernos da Limia" servirán como reivindicación de un recuerdo que el olvido ha convertido en un preocupante lapsus de la identidad.
Por este camino peregrinan mis pensamientos, semejantes a los de los habitantes de la zona divididos entre la nostalgia y los intereses económicos. La pérdida de este ecosistema con un alto valor ecológico, unido a un mundo cultural y emocional de valor incalculable que formaba parte esencial de la identidad de los habitantes de la Alta Limia y que afecta, tanto a las leyendas e historias locales como a la propia biografía de las personas que allí habitaban, bulle en el ambiente.
En todo el asunto hay algo que inquieta: una extraña relación de memoria, olvido, ausencia, frustración, lamento que de alguna manera se ha intentado recoger en las imágenes. En mis paseos por la Limia, un día pude visitar una zona que aún conserva la vegetación y la topografía original. Me he emocionado al recorrer esa parcela, al volver a pisar aquella tierra seca y arenosa; el sonido y la textura me ha transportado a mi infancia, y al recuerdo de lo que en aquellos años me pareció un paraíso, que descubrí de la mano de mi abuelo.
Y todo centrado por los textos que mi madre escribió en 2013, nuevamente la paradoja del "esquecemento", cuando su memoria comenzaba a fallar. Tres folios de reflexiones en torno a la Laguna, sin mucha estructura y, en ocasiones, con frases difíciles de entender; pero conmueve pensar cómo en los recuerdos de mi madre se manifiesta la Laguna, antes de desaparecer su memoria en la oscuridad del olvido. No en vano, Pepe Gándara, erudito y conocedor de la zona, comentaba: "Existe una memoria natural de aquellos que vivieron y sintieron la Laguna, y otra memoria, como artefacto cultural que hemos fabricado a partir de documentos, testimonios y fotografías. La primera está sentenciada, igual que la Laguna".
Ya nada será igual por las tierras de la Limia. La memoria en manos de la osadía, como efecto de un desconcertante veredicto, se vierte en la leyenda de Antioquía que ha pasado a ser ya pura elegía: un lamento por lo que fue. A veces las historias se llenan de reclamaciones insistentes, aunque parezcan imposibles. Para ser nosotros mismos. también en la Antela, necesitamos recobrar la memoria.