Mi viaje a Machu Picchu, además de haber sido bisagra en mi vida me regaló lo que yo considero las imágenes más fieles, reales e innecesariamente manipulables. El alma de cada uno de los personajes está en el aire y se impregna en el corazón de quién las observa. Amé sacarlas y volvería a hacerlo una y mil veces más.