Un poco por casualidad y mucho de curiosidad, un magnetismo inexplicable me fueron llevando casi sin darme cuenta a conocer al Niño Fidencio. Ya antes había oído hablar de sus milagros y del movimiento que su fe provoca. Lo que nunca imaginé fue el enorme impacto que el fidencismo ha generado en miles de seguidores, y del largo peregrinar que estos realizan hasta Espinazo, enclavado en medio de la aridez del noreste de México.
Fue sorprendente escuchar historias de los fidencistas, todas basadas en la fe que profesan y de cómo movidos por llamado de El Niño, llegan a abandonar a sus familiares y lugares de origen para dedicarse a servir al fidencismo.
Para todos ellos Fidencio es Fe, porque sólo a través de ésta se puede entender cómo las ‘materias’ o ‘cajitas’ prestan sus cuerpos al espíritu de El Niño Fidencio y de otros personajes, quienes los utilizan para sanar física y espiritualmente a los enfermos y discapacitados, algunas veces desahuciados por la medicina tradicional, o para ayudar a desfavorecidos por la fortuna, el azar o la sociedad.
En mi experiencia, los fidencistas son personas de fe que buscan en su culto, sanación tanto espiritual como física, al no encontrarla en la religión, la medicina tradicional o las instituciones sociales y gubernamentales.
Este proyecto fotográfico es un acercamiento a los rituales que allí se practican: a las curaciones espirituales, a los baños de sanación, pero sobre todo a las expresiones de fervor que la gente manifiesta.