Alguien me hablo de este mercado que abre los sábados y siempre que estoy cerca intento ir para dejarme seducir por sus personajes.
Un turista holandés me contó que una de esas viejecitas había perdido a su marido en alta mar y desde entonces vivía de la generosidad del mercado y yo al igual que esa viejecita voy a pedir sus imágenes que me regalan generosamente, y me anclan a la tierra