Esta serie de fotografías de Chema Rivas exponen un delicado diario íntimo que se desgrana, a manera de mosaico, en una serie de fotografías que representan dos motivos básicos, el cuerpo y un bodegón metafórico, unidos por la sustancia de una temática común: la vivencia íntima del espacio interior.
Contrarios a la delectación narcisista del “selfie”, los autorretratos íntimos de Chema Rivas se desmarcan de la banalización del rostro apuntando a una mirada poco autocomplaciente del cuerpo, sustituyendo la cosificación seriada de aquél, por la individualización de cada extremidad elevada a sintagma de una corporalidad trascendida.
Autorretratos sin rostro y desnudos sin sexo, son dos formas de nadar a contracorriente en la marea de narcisismo y mercantilización del deseo que nos inunda a través de la publicidad y los medios de comunicación alienados por la cultura de la banalidad. Sin embargo, el erotismo sí tiene lugar, sobre todo cuando es convocado muy sutilmente a través de la presencia de ese otro elemento temático que constituye el bodegón de vegetales pilosos, discreta metáfora del deseo. Así, en “Espacio para 2”, “Entre mis pies” y “Floreciendo en mi interior”, el bodegón vegetal se une a la temática del desnudo, aportando a la soledad autorreflexiva del desnudo la presencia metafórica del otro.
Los títulos utilizados por el autor nos conducen a través de un espacio habitado por manos, piernas y pies como metonimia del cuerpo, un cuerpo fragmentado que se expone como paisaje inserto en una naturaleza imaginaria donde el cielo es un velo de luz blanca: bóveda metafísica. Y es que en estas obras, el espacio y la luz que lo ilumina tienen tanta importancia como los signos que en él se inscriben, por eso son obras “con intervalo”, como quería Gillo Dorfles, constituyendo el lecho ese espacio de intimidad sacralizada. Espacio secreto y amniótico donde se produce la anagnórisis de un cuerpo desvelado en busca de la luz. Cuerpo descentralizado y fragmentado que se expresa en una sintaxis anatómica donde cada parte (mano/pierna/pie), es un signo completo, ajeno al discurso del desnudo tradicional, donde cada miembro está inserto en un sistema de relaciones jerárquicas en el que la cara y por ende, el busto, ocupan el lugar de mayor prestigio. Muy al contrario, en el discurso de Chema Rivas, “lo importante es la piel”, de ahí la delectación por el detalle: el vello y la superficie de la piel, el pliegue, la arruga. La piel y sus imperfecciones como “material memoria” o cartografía del paso del tiempo.
De la mano de Chema Rivas, esta colección nos invita a sumergirnos, casi como voyeurs, en una escenografía íntima donde el espacio místico del lecho se convierte en el lugar de la iluminación del yo en su aspiración a ser trascendido como cuerpo. Acomoden sus sentidos y disfruten de las vistas.